La generosidad de María Teresa Campos

Desde que estudié en la Universidad, siempre he intuido que la generosidad es una de las palabras que mejor definen a María Teresa Campos. Vale, no era difícil atisbar tal cosa. Pues el gran éxito de los programas de María Teresa Campos ha ido unido a su generosidad transparente con un espectador que la siente como de la familia. Así, la periodista de periodistas se ha convertido en una de las autoras más destacadas de nuestra historia televisiva. Con oficio, honestidad, intuición, carisma y cierto riesgo ha ido por delante de lo preestablecido en la pequeña pantalla, rompiendo estigmas del género del magacín e incluso anticipándose a los norteamericanos en el arte de estructurar con coherencia la diversidad de contenidos de los programas diarios. Lo que jamás imaginé es que viviría esa generosidad en primera persona con la propia María Teresa apadrinando mi libro, ‘Tele. (Somos Libros), junto a mi también admirado Pablo Lara, en la puesta de largo de este trabajo tan especial en el emblemático auditorio del Espacio Telefónica de la Gran Vía. Una tarde de nervios, ilusión y alguna lágrima posterior. Una tarde que nunca olvidaré por motivos obvios. Pero, también, porque María Teresa, durante esas casi dos horas, volvió a enseñarnos mucho sobre comunicación, televisión, ideas, arrojo y generosidad. Porque María Teresa no falla. Desde ese día, tengo claro que voy a seguir siempre pensando en grande. Porque, quizá, aunque parecía imposible, yo siempre imaginé que iba presentar mi libro en ese primer rascacielos de Europa reconvertido en un epicentro cultural. Pero qué fuerte ha sido, al final, hacerlo entremezclando la apasionada visión joven de Pablo Lara con María Teresa Campos, la gran autora de nuestra Tele.

Por aquellas tardes

«Mira a esta presentadora», me dijo un día mi abuela, Arselina: «su forma de mirar, su forma de preguntar e incluso su forma de coger las tarjetas… es especial», añadió. Se estaba refiriendo a Julia Otero que por aquel entonces se había estrenado al frente de un magacín-concurso llamado 3×4. Tres décadas después, mi abuela no recuerda que dijo tal cosa, pero a mí se me quedó marcada en la memoria su descripción de autenticidad, cuando aún no sabía ni lo que era la autenticidad. Descripción que tantas veces me ha servido en mi trabajo para fijarme y aprender más de las peculiaridades que de las obviedades. O, al menos, intentarlo. También en mi primer libro, que ha salido estos días a la venta, ‘Tele. Los 99 ingredientes de la televisión que deja huella‘, con el que he emprendido un viaje, profesional y personal, para recordar pero, a la vez, también descubrir inspiradoras cualidades que nos convierten en lo que somos. Incluso a la hora de crear tele o consumir tele. Como me inspiró mi abuela aquel día de 1988. Porque somos fruto de las personas que nos inspiran. Y para mí ‘Tele.’ es un homenaje a la personas que me inspiran.

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Efe Suárez

“Solo no puedes, con amigos sí”. A Lolo Rico se le ocurrió esta frase cuando se percató de que lo mejor de dirigir ‘La bola de cristal’ era el trabajo en equipo y aprender del talento de los demás. No soy Lolo Rico, pero siempre he tenido claro que mi trabajo y mi vida es mejor abrazando los referentes que me rodean. Y ‘Tele.’ ha sido un libro más auténtico gracias a la mirada de Efe Suárez. Su diseño, su iconografía y sus ilustraciones redondean lo escrito, lo impulsan, lo hacen crecer, lo iluminan y, lo más difícil, convierten la realidad del proyecto en tal como lo imaginamos hace unos años. Porque Fabián no solo es un brillante profesional que resuelve cualquier imposible, también es inspirador. Y eso es lo que diferencia a unos y a otros. Y eso ha hecho todo esto más inolvidable para mi.

Fotón Carrasco Estudio

De cuando dices a Julia Otero en directo que tienes un póster suyo en casa

Lo he hecho. He dicho a Julia Otero en directo que tengo un póster de su Radio de Julia guardado por casa. Lo tuve colgado en la pared de mi cuarto en los años de estudiante de periodismo en la Universidad. Que nadie se asuste, no es ninguna psicopatía. La vida se construye con referentes y la gente que me conoce bien sabe que Julia ha sido uno de los más importantes desde que era adolescente y descubría mi curiosidad por lo que significa esto del oficio de la comunicación con mirada propia, honestidad crítica e imaginación. Y, de repente, un día me encuentro formando parte de ese programa del que tanto he aprendido y que tanto supuso para mí, por qué no lo vamos a reconocer. Y, de repente, da vértigo. Y, de repente, titubeo en directo al pensar qué giros da a veces la vida. Nunca me planteé la posibilidad de trabajar con Otero. Al contrario, me daba bastante respeto imaginarlo siquiera, pero ahora me alegro de aceptar, porque me he dado cuenta de que no me he equivocado a la hora de elegir los inspiradores referentes de los que aprender y que soy un privilegiado al poder llevar a cabo esta temporada una sección sobre tele en una radio en la que nos atrevemos con enfoques de contenidos con los que no todos se atreverían. Hemos venido a jugar con nuestras imperfecciones, ideales e ilusiones. Pues juguemos.

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Puedes escuchar la sección en Julia en la Onda también en Itunes y Spotify, además de en Onda Cero. Todos los podcast también reunidos aquí.

La emoción sin fecha de caducidad de ‘La Bola de Cristal’

Termina un año emocionante en lo profesional y también en lo personal. Y en lo profesional y personal, uno de los momentos más inolvidablemente emocionantes que he vivido en este 2018 ha sido el homenaje que rendimos a Lolo Rico en el auditorio del Museo Picasso de Málaga dentro del marco del Screen TV del Festival de Málaga. Francisco García Novell, emblemático profesional de TVE y miembro de la Academia de la Televisión, y Nagua Alba y Lucía Alba, nietas de Lolo Rico, fueron protagonistas de una charla que tuve la oportunidad de presentar y moderar. Un homenaje a La Bola de Cristal con el valor añadido de que durante todo el encuentro nos fue acompañando la sabiduría de Lolo Rico a través de unas píldoras inéditas de una entrevista que forma parte del legado del proyecto los ‘tesoros vivos de la Academia de la TV’, que intenta preservar nuestra historia audiovisual a través de sus creadores. Como periodista, fue un acto tan enriquecedor como conmovedor. Pocas veces he visto a un auditorio emocionarse tanto con el recuerdo de momentos de un programa con el que creció. Normal ese sentimiento, porque La Bola de Cristal siempre marca, lo vieras en los ochenta o treinta años después en riguroso diferido, porque fue una revolución televisiva desde dentro. Pero una revolución sin increpar, sin trincheras, sin prejuicios, sin estigmas. Una revolución sólo con el poder de la imaginación en su máxima expresión. 

Intercambiando ideas en Newtral, tejiendo conocimiento

La Real Fábrica de Tapices está cerca de Atocha. Frente al Panteón de (Hombres) Ilustres y la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, que cobija la escultura que dicen inspiró el diseño de la Estatua de la Libertad de Nueva York. La Real Fábrica de Tapices, con sus naves de piedra, ladrillo cara-vista, vigas de madera más o menos noble y sus patios ajardinados, lleva siglos camuflándose en el barrio como una vecina más. En su interior, siguen tejiendo a mano tapices pero, además, este histórico lugar se ha abierto a startups que se atreven con la innovación. Es el caso de Newtral, la productora de formatos como El Objetivo, Dónde estabas entonces o Estrecho, que no ha querido ser sólo una productora de televisión y ya es una interesante factoría transversal de contenidos periodísticos. Porque el periodismo crece en la versátil multipantalla de las redes sociales. El pasado jueves estuve participando en un desayuno en este lugar que respira historias. Nada más entrar es como introducirse en un acogedor campus en el que dan ganas de quedarse a aprender, experimentar y arriesgar. Eso está demostrando Newtral en su primer año de existencia. Arriesga, experimenta y va aprendiendo. Importante conjugar estas tres patas para crecer. Y hacerlo sin perder la esencia clásica del periodismo donde una de las claves está en saber mirar y saber escuchar  -que es lo más complicado-. Y a mí me escucharon divagar un buen rato: de periodismo, de televisión, de redes, de paciencia, de percepciones de éxito, de estrategias de anunciantes, de futuro, de pasado, de pasado que es futuro, de apostar por el periodista-autor… Y sus preguntas desde su profundo conocimiento me dejaron pensando. Mucho. Me inspiraron. Es otra forma de tejer conocimiento, intercambiando ideas. Estando conectados con los trabajadores del oficio mediático y, sobre todo, con la sociedad. Cambian las ventanas, avanzan las narrativas pero, en tiempos en los que la tecnología arrasa con todo, la atrevida curiosidad incesante -que no intensa-  nos salvará.  Gracias por la invitación a Ana Pastor y su equipo.

Debatiendo sobre el fenómeno ‘Paquita Salas’ con Javier Calvo, Javier Ambrossi y Brays Efe en el ‘Screen TV’ de Málaga

La gran sala del Cine Albéniz de Málaga llena. Hasta los topes. Todo el público expectante. Pero ni siquiera hay proyección de ninguna película. La legión de público ha acudido para escuchar a Javier Calvo, Javier Ambrossi y Brays Efe. Bueno, y aguantarme a mí, pues me encargaron moderar este encuentro sobre el fenómeno de Paquita Salas, enmarcado dentro del Screen TV que celebra el Festival de Málaga cada año. No defraudó, fue interesante y entretenido. Jugamos y aprendimos con esta charla en el que, una vez más, me percaté de que la fórmula del éxito de Los Javis, y también la de Brays, se sustenta en una apasionada ilusión que mantienen sin fisuras. Tienen talento, obvio, tienen el valor añadido de la cultura pop, obvio, saben mirar a su alrededor con una curiosidad apasionada, obvio, pero, además, confían en sí mismos relativizando todo y, al mismo tiempo, con una seguridad que todo piensa en grande. Y esos ‘todos’ son inspiradores. Y eso les da un supercalifragilisticoespialidoso impulso para conseguir lo que se propongan.

Gracias a Cristina Consuegra y el Festival de Málaga por confiar en mi trabajo en estos coloquios con protagonistas tan interesantes y tan relevantes para la historia de nuestro escenario de cultura audiovisual.

Lo que sentí en Los40 Music Awards

Este viernes estuve en Los40 Music Awards. «Son los MTV españoles», escuchaba. Pero, en realidad, Los 40 Principales llegaron mucho antes que MTV. Lo que nació como un programa de la SER en los años sesenta se terminó convirtiendo en una emisora y, en tiempos transmedia, ha sabido crecer hacia una marca global con muchas posibilidades. Su éxito: Los 40 sigue pulsando los ritmos de nuestra sociedad, la nuestra. Y lo hace desde esa óptica joven, pero que traspasa edades. Es la sensación que viví en una fiesta de premios que disfruté sin tregua. Cosa difícil en una ceremonia de premios, por otro lado. Será porque Los40 Music Awards no se quedan en el cliché de una ceremonia de premios y apuestan por un concierto de hits transversales que nos representan. De Pablo López, dejando de lado su piano para escuchar a todo el Palacio de Deportes cantar su ‘Patio’, a Dua Lipa o Rosalía demostrando que están en su «momento». Y yo me sentí partícipe de su momento. Me sentí partícipe de la fiesta. De vivirla, y sentirla desde dentro. Porque eso siempre fue Los 40. Eso conseguía Joaquín Luqui: hacernos partícipes de las tendencias de la música a través de la complicidad de la radio, que siempre tuvo un punto de interactividad imaginativa. Aunque no existiera ni el hashtag de Twitter ni las stories de Instagram.

Ataque de risa en los Premios Iris

Lo mejor que te puede pasar en una gala de los Premios Iris es que te toque cerca de Belén Cuesta. Véase la foto que hice. Aunque, un año más, la ceremonia de premios mainstream de la Academia de la Televisión no supo hacer de sus deficiencias una virtud y pecó de ser un protocolario punto de encuentro de tópicos y lugares comunes -también por parte de los premiados-. Todo impregnado de un tono excesivamente institucionalista, lo que propicia un evento tan previsible y vacío que no es interesante ni relevante ni trascendente, ni siquiera para los propios asistentes -no nominados- que acuden a la cita por compromiso y, si tal, por hacer contactos. Justo lo contrario que hago yo en estos saraos, donde termino escondido detrás de una columna o, en su defecto, diciendo algo de lo que después me arrepiento si me encuentro a alguien de postín. Es lo que tiene ser un tímido nervioso que se disfraza del extrovertido que controla la situación. Pero no, no la controlo. Aunque, con el tiempo, me he dado cuenta que quizá no hay que controlarlo todo. De hecho, lo mejor de la noche fue esa espontaneidad incontrolable. Sucedió cuando, en pleno de uno de esos solemnes agradecimientos, se proyectó de golpe y sin venir a cuento un plano de la cara en directo de Belén Cuesta en la pantalla GIGANTE de la sala de cine de Kinépolis, en donde se estaba realizando la gala. Entonces, Belén se vio y se asustó. Obvio. Su espontaneidad propició un ataque de risa… de ella misma, que intentaba disimular. Pero nadie quitaba su plano de reacción del pantallón, mientras la premiada seguía agradeciendo su galardón -contando algo que pintaba muy serio- y Cuesta intentaba disimular el asomo de una carcajada, que se contagió a Los Javis e incluso a mi mismo. Y me dejé llevar, claro. Fue lo más disfrutable de la noche. La corrosión de la espontaneidad estaba ganando a la parafernalia del protocolo de lo obvio. Esa autenticidad sí representa a nuestra mejor televisión, y eso deberían ser los Premios Iris.

Los referentes, Ana Pastor y la Universidad

La televisión un día olvidó que periodista es aquel que no tiene miedo a despeinarse. No Ana Pastor, que se mueve, pregunta, repregunta, autopregunta, arriesga y aprende de referentes. De esto, de inspiradores referentes, entre otras visiones periodísticas, habló Pastor esta semana en una charla por y para los alumnos de la Universidad Carlos III. Por eso mismo, acudí hasta Getafe para vivir in situ la charla. Porque quería ver su trabajo explicado en ese contexto universitario. Quizá porque tengo en común con ella cierta obsesión por entender las situaciones sin obviar sus contextos y avanzar sin perder el enriquecedor contacto con las que ya van siendo nuevas generaciones. El trabajo que está dirigiendo Pastor en su startup Newtral lo demuestra. Se podía haber quedado en abrir una productora televisiva al uso y ha fundado una factoría de contenidos con la flexibilidad creativa y periodística que demandan los tiempos que vienen. Porque la creatividad y el periodismo no son dos departamentos estancos que viven en mundos separados y opuestos. Al contrario, y no es nada nuevo, la creatividad y el periodismo son indestructibles cuando se fusionan con soltura. Mejor aún si tienen referentes, claro. Referentes que te aportan, que te hacen pensar, que incluso te ilusionan. Para mí, Ana Pastor es un referente. Los alumnos de la Carlos III, también.