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mayo 2018

En ‘Millenium’ de TVE

Eurovisión ha conseguido reunirnos a Toñi Prieto, Manuel Martos, Barei y un servidor en el programa de Ramón Colom, Millenium. Un formato-oasis de La 2 que lo mismo realiza una masterclass sobre el universo Hawking que se sumerge en el rescate bancario o termina hablando del Chikilicuatre. Y tuve que ser yo el que sacara este simpático tema. Había que hacerlo, lo sabéis. Al principio, en un estudio de televisión tan pretendidamente serio, tan pretendidamente silencioso y con las sillas tan pretendidamente separadas me sentí un poco intruso. Pero creo que pudimos aportar algunos argumentos constructivos que definen la historia de una competición musical entre televisiones europeas que se ha terminado convirtiendo en todo un fenómeno viralosocial. Un estatus que Eurovisión ha alcanzado gracias a su habilidad para ir por delante en creatividad, en tecnología y, no menos importante, en aprovechamiento de las nuevas ventanas de consumo, donde las redes sociales son cruciales para potenciar la expectación de la emisión televisiva tradicional. Explicar todo esto delante de Ramón Colom, que dirigió una brillante etapa de TVE, acongoja. No me lo tengáis en cuenta y recordadme que planche los pantalones la próxima vez que vaya a la tele. Bueno, sólo si es La 2.

Crisis existenciales

La televisión pasa por una crisis existencial. Vamos, que la televisión está como yo, en una especie de regeneración en busca de su sitio. Pero que nadie se asuste, pues (la televisión) encontrará su ubicación perfecta, claro que la encontrará. Es más, esta mutación servirá a los contenidos televisivos para ser más fuertes, más diversos y más coherentes con los hábitos del espectador. De esto mismo hablé en el Santander Social Weekend, que organiza El Diario Montañés y en el que participé con la ponencia “¿Internet mató la TV? Los nuevos consumos y la catarsis televisiva”. Una charla en la que intenté desgranar fortalezas y debilidades de la televisión de hoy, aprendiendo de la historia de la radio, la prensa en papel, la propia televisión y mi extraña relación con la ciudad en la que nací. De hecho, este encuentro fue también especial para mí porque supuso el regreso a mi ciudad, Santander, aunque curiosamente cada vez me sienta más forastero y extraño en ella. Esto habrá que remediarlo.