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junio 2018

Cuando enseñas tus correos a toda la Facultad

Vale, no me percaté. Abrí mi correo y el escritorio del ordenador ya estaba siendo proyectado en la pantalla del auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Los alumnos no dudaron en inmortalizar el momento. Algunos, después, reconocieron que hicieron zoom. Por suerte, no tenía ningún correo comprometido. De hecho, mi mail suele ser muy aburrido. Con mucho spam y poca epístola de amor. Así que fue mucho más interesante la clase sobre la nueva era de los contenidos televisivos, dónde va a parar.

Lluís y el miedo a lo imprevisible

Todo lo que somos es también gracias a los amigos que nos encontramos en el camino. Como Lluís, que apareció por sorpresa para recitar un poema en la radio y, al final, se quedó. Su talento sin complejos hacía crecer el programa y, poco a poco, me di cuenta que su forma de mirar el mundo también me estaba haciendo crecer a mí. Poeta, autor teatral, director creativo de una agencia de publicidad, co-letrista de Lo Malo… es difícil resumir en un rótulo la profesión de Lluís Mosquera. Porque es de esas personas que son tan creativas que son complicadas de etiquetar en un mundo en el que, por suerte, las etiquetas cada vez son menos importantes. También eso me inspira de Lluís, su manera de romper clichés o, mejor aún, imaginar anti-clichés que definen las realidades cotidianas que nos unen más allá de sexualidades, razas o prejuicios. Eso lo consigue con su libro Mi poemario debería estar en todas las casas, que ha publicado Hidroavión y que, estas semanas, está presentando en diferentes ciudades. Bueno, y yo con él, pues además de prologuista orgulloso de esta obra, me he tirado a la piscina de acompañar a Lluís en este tour experimento para explicar su publicación pero, también, hablar de los daños y aprecios colaterales del universo millennial. O como se diga. Ya hemos estado en Madrid con Carolina Iglesias (Percebes y Grelos), en Sevilla con Ricky Merino y en Valencia con María Juan (en la foto de arriba, después de que Lluís tuviera que explicar en público a su padre qué era un bukake). He disfrutado muchísimo cada presentación. Ninguna de las charlas se ha parecido a otra. Quizá porque Lluís y yo tenemos un detallito en común: no tenemos ningún miedo a lo imprevisible.