Al final del túnel esperé a Gabilondo

Al final de este túnel esperé a Gabilondo. Venía a grabar una entrevista para unas píldoras que salpicaban la gala musical de celebración de los 60 años de TVE, en la que colaboré el pasado año. Ahí estaba yo, en el ajado pasillo de un plató escondido en el corazón de Chamberí, aguardando la llegada del maestro de periodistas. Y llegó. Y fui en su búsqueda. Y, entonces, viví una estampa que no olvidaré fácilmente, pues describe lo que significa Gabilondo para esta España nuestra. Inaudito, el taxista salió del taxi para despedir a su cliente y, como colofón, le dio un apretón de manos con una transparente emoción que desprendía respeto y admiración. Había conducido para Iñaki, Iñaki Gabilondo.

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