Detrás de Calimero

Nunca sale en fotos, pero yo le he robado una. Y ha sido en la puerta de un estudio de televisión. No podía ser de otra manera, porque a Calimero y a mí nos gusta caminar juntos por la ciudad: hablando de tele, delirando sobre la crisis de los 35, comiendo chocolate y, sobre todo, buscando (y encontrando) platós. Platós grandes o pequeños, nuevos o viejos, reales o imaginarios. Twitter nos unió. Virtualmente me parecía un personaje antipático, demasiado hater y algo cabezota. Un eurofanático con el seúdonimo de Calimero. Pero, el día que tuve la puñetera suerte de conocerle, me di cuenta de que era una persona diferente, un profesional del medio con grandes ideas de las que aprender. Arquitecto, especializado en escenografía, su trabajo será un salvavidas para la televisión más creativa. La tele necesita gente con su talento, perseverancia y visión. Mientras llega el momento de ese gran salto, yo sigo aprendiendo de él. Ahora sólo me falta dejar de decirle Calimero y empezar a llamarle por su nombre, Javi.

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