Lo que me descubrió mi abuela de Julia Otero

“Mira a esta presentadora”, me dijo un día mi abuela, Arselina, mientras comíamos: “su forma de mirar, su forma de preguntar e incluso su forma de coger las tarjetas… es especial”, añadió. Se estaba refiriendo a Julia Otero que por aquel entonces se había estrenado al frente de un magacín-concurso llamado 3×4. Más de 25 años después, mi abuela no recuerda que dijo tal cosa, pero a mí se me quedó marcada en la memoria su descripción del carisma televisivo, descripción que tantas veces me ha servido en mi trabajo. Gracias a mi abuela, empecé a mirar la tele de otra manera y, de ahí, también surgió un vínculo referencial con Julia Otero que me llevó a descubrir, poco tiempo después, la radio. La mejor radio. Lo reconozco, durante la carrera, llegué a tener colgado en mi cuarto de la Residencia de Estudiantes un póster de Julia Otero. Vestida con traje de chaqueta, por supuesto. Un póster promocional de su espacio en Onda Cero, La Radio de Julia, en el que se recordaba la importancia de creer en la inteligencia del espectador. Otra máxima que me ha ido acompañando en mis vaivenes profesionales en estos años. Hace unos días, me invitaron a participar en Julia en la Onda. Me dio vértigo por la carga sentimental, pero lo disfruté como la primera vez que hablé en la radio y porque, al otro lado del transistor, sabía que estaba mi abuela -orgullosa- escuchando.

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