Un monólogo improvisado en La 2

Mientras corría hacia una rueda de prensa, suena mi WhatsApp. Es mi admirado Santiago Tabernero. Me escribe que se acaba de caer uno de sus invitados estelares con los que contaba esta noche para el estreno de ‘Sánchez y Carbonell‘, el retorno a lo grande de la televisión en riguroso, incontrolable y subversivo directo a La 2. Esta baja, de último momento, iba a protagonizar la masterclass del programa: un monólogo de cinco minutos que aborda un tema de nuestro tiempo. ¿Por qué no lo haces tú?, me propuso Tabernero cuando sólo faltaban unas horas para que arrancara el show. No dudé demasiado, aunque me tuviera que lanzar al vacío de un gran plató sin posibilidad de parar la grabación y repetir. Iba a quedar ahí la movida, mi movida, saliera como saliera. Entonces, pensé: «mucho mejor». Eso es la televisión. Esta vez, me tenía que atrever y tirarme sin red a ese riguroso, incontrolable y subversivo directo que tanto defiendo desde la cadena pública. Ni siquiera me dio tiempo a pasar por casa a cambiarme de ropa. Yo que iba con una sudadera de la Nasa, que nada más llegar al Estudio el personal de vestuario me invitó a quitarme por aquello de evitar las marcas publicitarias en TVE. Aunque sea la Nasa. Nunca se sabe. Menos mal que llevaba una camisa decente debajo. Elegí estar todo el programa de público, contagiándome de la atmósfera y disfrutando de ese nervio del directo creativo, contracorriente y osado que ofrece este formato en el que cabe hasta una compañía de teatro. Y llegó mi turno, y salí a jugar. Sin miedo a mis imperfecciones salí a la televisión a dejarme llevar hablando sobre la televisión, esa que nos influye. Salí a moverme con mi nervio y pasión habitual bajo ese cielo de Prado del Rey que, con autores con aplastante mirada e intuición sobre lo que ebulle en la sociedad como Tabernero, nos han hecho creer en la tele que rompe con sus propios corsés, nos estimula y nos dispara la imaginación:

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