No había nadie en el Estudio 1

No había nadie en el Estudio 1 de Prado del Rey. La última vez que entré en el plató más histórico de nuestra televisión estaba completamente vacío. Ni siquiera tenía decorados instalados y sólo colgaban cuatro o cinco focos de su techo. Pero, antes de partir de Televisión Española, necesitaba despedirme de ese lugar que idolatré de niño, ese lugar en el que las ideas se convertían en realidad. Así que abrí los pulmones, respiré su olor a amianto añejo e incluso imaginé a Pilar Miró, con su severa sonrisa, bajando por la escalera de hierro.  Entonces, presentí que igual en mucho tiempo no volvería a estar bajo ese techo. Quizá nunca más volvería estar bajo ese techo. Miré a mi alrededor, comprobé que seguía solo. Saqué del bolsillo el billete de metro-ligero de esa misma mañana, lo firmé como si fuera yo alguien y lo escondí dentro de uno de los miles de agujeros de la enladrillada pared. No me preguntéis el por qué. Pero lo hice. Supongo que quería dejar algo mío allí antes de volver a mirar a mi alrededor, fotografíar la parrilla de luces e irme por la misma puerta que entré por primera vez.

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