La evolución constante, la constante evolución

Siempre se pone el foco en la importancia de la pluralidad periodística de los medios de comunicación, pero ¿por qué no se plantea de igual forma la importancia de la pluralidad creativa? El periodismo y la creatividad van enlazados para prosperar. Incluso más allá de la cuadratura de los géneros en los que nos enseñaron dónde se debía ejercer el periodismo y dónde se «hacía» la creatividad. Como si fueran polos opuestos. Hace unos meses, tuve la oportunidad de participar en ‘Los Locos que no pararon la tele‘, documental de ‘El Terrat’ en el que se aborda el papel de la creatividad frente a la crisis sanitaria. 44 minutos de un puzle de vivencias que, a priori, plasma la capacidad de reacción para seguir emitiendo en un claustrofóbico confinamiento que nunca esperábamos. Pero, a la vez, este trabajo también deja un poso para entender la importancia de la cultura que se adapta a las circunstancias con la osadía de no querer dejar de retratar la realidad, de no querer dejar de escuchar la calle -aunque esté vacía-, de no querer dejar de acompañar al espectador. Y hacerlo con esa complicidad de la comedia honesta, que no asusta. Aunque lo fácil sea quedarse en el susto, que además vende mucho más en épocas en las que el ruido retumba con un eco que, a menudo, carcome lo que aporta. Pues eso, un honor por mi parte poder aportar en este documental que es una clase de la que todos vamos aprendiendo sobre la marcha y que nos recuerda que la creatividad televisiva está siempre en constante evolución. No se para. No permitamos que se pare. Atrevámonos a improvisar. Atrevámonos a la imaginación para amoldarnos a las circunstancias y seguir contando historias. Mejor si es con ayuda de la comedia que nos enfrenta a cómo somos con la capacidad de ilusionar, que es de lo poco que deja KO al miedo. Aunque sea un minuto.

Mi experiencia en ‘La hora de La 1’

Lo reconozco. Cuando empecé en ‘La hora de La 1’, me dio miedo que pudiera desvirtuar mi trabajo diario en La Información, Julia en la Onda y Heraldo de Aragón. La idea era formar parte de un espacio sobre la tel que nos retrata como somos en los viernes, pero, después, el programa ha ido confiando en mi mirada para aportar en la sección de temas de actualidad liderada por Cristina Fernández en la recta final de la mañana. Y mi participación en el formato fue creciendo. Un halago, pero también temí ser engullido por la televisión del tertuliano en la que vivimos, en la que todos opinamos de todo.

Nunca he querido ser tertuliano, me considero un currito del periodismo. Y eso siento que puedo aportar, mi mirada de periodista crítico. Es más, creo que es imprescindible el espíritu crítico sin trincheras desde una televisión pública, se trate el tema que se trate. Siempre lo he creído y argumentado en mis artículos. Intentémoslo, pues, me dije.

En una televisión sumergida en la pelea por las audiencias instantáneas, que muchas veces (pero, por suerte, no siempre) no permite casi que unos programas se diferencian de otros, se suelen buscar «perfiles» de colaboradores-personajes ya más anclados en el estereotipo, porque se supone que el público los reconoce de primeras y no necesita tener paciencia para descubrir. Cuando, precisamente, la tele consiste en descubrir. De ahí que, en 2021, los espectadores encuentren nuevos referentes en las plataformas y en las redes, más que en el bucle de la tele generalista. En ese «ABC» de los colaboradores de siempre, mi perfil no tenía cabida, por eso es de agradecer que en esta ocasión hayan apostado por otras energías.

Entre las propuestas que ha traído ‘La hora de La 1’, se ha intentado huir de la tertulia de choque para así poder construir desde la diversidad social. Y, en este sentido, ha sido un honor en estos meses haber aprendido de esa diversidad que nos enriquece con una mezcolanza de profesionales como Valeria Vegas, Boris Izaguirre, Paco Tomás, Rosa Villacastín, Norma Duval, Teté Delgado, Gonzalo Miró… Cada uno con una experiencia profesional muy curtida y diferenciada. Al frente de nuestro rato, Cristina Fernández siempre incombustible. No la conocía y ha sido la gran revelación de esta experiencia. Peleona, honesta, apasionada, luminosa, Cristina está preparada para todos los retos que se proponga.

Y la diferencia con otros programas matinales ha radicado precisamente en que en ‘La hora de La 1’ de Mónica López no estamos encasillados, ni se han querido reproducir clichés. Por mi parte, he intentado contribuir humildemente a esta diferenciación. Porque creo con firmeza que la televisión pública no debe quedarse en el debate infinito de la televisión de hoy, ávida de audiencia fácil con polémica forzada, incluso con temas que no son debatibles. La televisión pública debe aportar. Aportar, es la palabra. Aportar periodismo y, cuando se dedica al entretenimiento, aportar esa sustancia del espíritu crítico que se hace preguntas, que crece en la creatividad, que contextualiza, que argumenta sin miedo a la ironía, sin timidez para jugar y, sobre todo, sin miedo a atreverse a pensar.

Esa televisión que cree en la inteligencia del espectador es la tele en la que creo. Y está presente en mis pensamientos cada vez que piso ese mítico Estudio 1 que nos enseñó a creer en la creatividad audiovisual desde Prado del Rey y que es parte crucial de nuestra historia. Ahí se hizo ‘Un, dos, tres’, ‘La edad de oro’, ‘Directísimo’, ‘Más estrellas que en el cielo’, ‘Hola Raffaella’, ‘Viaje con nosotros’… Una factoría de talento e ideas, que nos ha dejado un legado que siempre me inspira y me guía.

Y, al final, mis temores han ido desapareciendo para disfrutar mis participaciones en el programa, que intento que sean coherentes con la preocupación por el periodismo divulgativo de mis artículos, con mi obsesión para ser útil sin dejar de jugar con la travesura de la tele que nos parió. Lucho, al menos, para que no se me olvide intentarlo cada día, cada vez.

Gracias por la oportunidad.

Un monólogo improvisado en La 2

Mientras corría hacia una rueda de prensa, suena mi WhatsApp. Es mi admirado Santiago Tabernero. Me escribe que se acaba de caer uno de sus invitados estelares con los que contaba esta noche para el estreno de ‘Sánchez y Carbonell‘, el retorno a lo grande de la televisión en riguroso, incontrolable y subversivo directo a La 2. Esta baja, de último momento, iba a protagonizar la masterclass del programa: un monólogo de cinco minutos que aborda un tema de nuestro tiempo. ¿Por qué no lo haces tú?, me propuso Tabernero cuando sólo faltaban unas horas para que arrancara el show. No dudé demasiado, aunque me tuviera que lanzar al vacío de un gran plató sin posibilidad de parar la grabación y repetir. Iba a quedar ahí la movida, mi movida, saliera como saliera. Entonces, pensé: «mucho mejor». Eso es la televisión. Esta vez, me tenía que atrever y tirarme sin red a ese riguroso, incontrolable y subversivo directo que tanto defiendo desde la cadena pública. Ni siquiera me dio tiempo a pasar por casa a cambiarme de ropa. Yo que iba con una sudadera de la Nasa, que nada más llegar al Estudio el personal de vestuario me invitó a quitarme por aquello de evitar las marcas publicitarias en TVE. Aunque sea la Nasa. Nunca se sabe. Menos mal que llevaba una camisa decente debajo. Elegí estar todo el programa de público, contagiándome de la atmósfera y disfrutando de ese nervio del directo creativo, contracorriente y osado que ofrece este formato en el que cabe hasta una compañía de teatro. Y llegó mi turno, y salí a jugar. Sin miedo a mis imperfecciones salí a la televisión a dejarme llevar hablando sobre la televisión, esa que nos influye. Salí a moverme con mi nervio bajo ese cielo de Prado del Rey que, con autores con aplastante mirada e intuición sobre lo que ebulle en la sociedad como Tabernero, nos han hecho creer en la tele que rompe con sus propios corsés, nos estimula y nos dispara la imaginación:

La generosidad de María Teresa Campos

Desde que estudié en la Universidad, siempre he intuido que la generosidad es una de las palabras que mejor definen a María Teresa Campos. Vale, no era difícil atisbar tal cosa. Pues el gran éxito de los programas de María Teresa Campos ha ido unido a su generosidad transparente con un espectador que la siente como de la familia. Así, la periodista de periodistas se ha convertido en una de las autoras más destacadas de nuestra historia televisiva. Con oficio, honestidad, intuición, carisma y cierto riesgo ha ido por delante de lo preestablecido en la pequeña pantalla, rompiendo estigmas del género del magacín e incluso anticipándose a los norteamericanos en el arte de estructurar con coherencia la diversidad de contenidos de los programas diarios. Lo que jamás imaginé es que viviría esa generosidad en primera persona con la propia María Teresa apadrinando mi libro, ‘Tele. (Somos Libros), junto a mi también admirado Pablo Lara, en la puesta de largo de este trabajo tan especial en el emblemático auditorio del Espacio Telefónica de la Gran Vía. Una tarde de nervios, ilusión y alguna lágrima posterior. Una tarde que nunca olvidaré por motivos obvios. Pero, también, porque María Teresa, durante esas casi dos horas, volvió a enseñarnos mucho sobre comunicación, televisión, ideas, arrojo y generosidad. Porque María Teresa no falla. Desde ese día, tengo claro que voy a seguir siempre pensando en grande. Porque, quizá, aunque parecía imposible, yo siempre imaginé que iba presentar mi libro en ese primer rascacielos de Europa reconvertido en un epicentro cultural. Pero qué fuerte ha sido, al final, hacerlo entremezclando la apasionada visión joven de Pablo Lara con María Teresa Campos, la gran autora de nuestra Tele.

Por aquellas tardes

«Mira a esta presentadora», me dijo un día mi abuela, Arselina: «su forma de mirar, su forma de preguntar e incluso su forma de coger las tarjetas… es especial», añadió. Se estaba refiriendo a Julia Otero que por aquel entonces se había estrenado al frente de un magacín-concurso llamado 3×4. Tres décadas después, mi abuela no recuerda que dijo tal cosa, pero a mí se me quedó marcada en la memoria su descripción de autenticidad, cuando aún no sabía ni lo que era la autenticidad. Descripción que tantas veces me ha servido en mi trabajo para fijarme y aprender más de las peculiaridades que de las obviedades. O, al menos, intentarlo. También en mi primer libro, que ha salido estos días a la venta, ‘Tele. Los 99 ingredientes de la televisión que deja huella‘, con el que he emprendido un viaje, profesional y personal, para recordar pero, a la vez, también descubrir inspiradoras cualidades que nos convierten en lo que somos. Incluso a la hora de crear tele o consumir tele. Como me inspiró mi abuela aquel día de 1988. Porque somos fruto de las personas que nos inspiran. Y para mí ‘Tele.’ es un homenaje a la personas que me inspiran.

+más información sobre Tele.

Efe Suárez

“Solo no puedes, con amigos sí”. A Lolo Rico se le ocurrió esta frase cuando se percató de que lo mejor de dirigir ‘La bola de cristal’ era el trabajo en equipo y aprender del talento de los demás. No soy Lolo Rico, pero siempre he tenido claro que mi trabajo y mi vida es mejor abrazando los referentes que me rodean. Y ‘Tele.’ ha sido un libro más auténtico gracias a la mirada de Efe Suárez. Su diseño, su iconografía y sus ilustraciones redondean lo escrito, lo impulsan, lo hacen crecer, lo iluminan y, lo más difícil, convierten la realidad del proyecto en tal como lo imaginamos hace unos años. Porque Fabián no solo es un brillante profesional que resuelve cualquier imposible, también es inspirador. Y eso es lo que diferencia a unos y a otros. Y eso ha hecho todo esto más inolvidable para mi.

Fotón Carrasco Estudio

De cuando dices a Julia Otero en directo que tienes un póster suyo en casa

Lo he hecho. He dicho a Julia Otero en directo que tengo un póster de su Radio de Julia guardado por casa. Lo tuve colgado en la pared de mi cuarto en los años de estudiante de periodismo en la Universidad. Que nadie se asuste, no es ninguna psicopatía. La vida se construye con referentes y la gente que me conoce bien sabe que Julia ha sido uno de los más importantes desde que era adolescente y descubría mi curiosidad por lo que significa esto del oficio de la comunicación con mirada propia, honestidad crítica e imaginación. Y, de repente, un día me encuentro formando parte de ese programa del que tanto he aprendido y que tanto supuso para mí, por qué no lo vamos a reconocer. Y, de repente, da vértigo. Y, de repente, titubeo en directo al pensar qué giros da a veces la vida. Nunca me planteé la posibilidad de trabajar con Otero. Al contrario, me daba bastante respeto imaginarlo siquiera, pero ahora me alegro de aceptar, porque me he dado cuenta de que no me he equivocado a la hora de elegir los inspiradores referentes de los que aprender y que soy un privilegiado al poder llevar a cabo esta temporada una sección sobre tele en una radio en la que nos atrevemos con enfoques de contenidos con los que no todos se atreverían. Hemos venido a jugar con nuestras imperfecciones, ideales e ilusiones. Pues juguemos.

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Puedes escuchar la sección en Julia en la Onda también en Itunes y Spotify, además de en Onda Cero. Todos los podcast también reunidos aquí.

La emoción sin fecha de caducidad de ‘La Bola de Cristal’

Termina un año emocionante en lo profesional y también en lo personal. Y en lo profesional y personal, uno de los momentos más inolvidablemente emocionantes que he vivido en este 2018 ha sido el homenaje que rendimos a Lolo Rico en el auditorio del Museo Picasso de Málaga dentro del marco del Screen TV del Festival de Málaga. Francisco García Novell, emblemático profesional de TVE y miembro de la Academia de la Televisión, y Nagua Alba y Lucía Alba, nietas de Lolo Rico, fueron protagonistas de una charla que tuve la oportunidad de presentar y moderar. Un homenaje a La Bola de Cristal con el valor añadido de que durante todo el encuentro nos fue acompañando la sabiduría de Lolo Rico a través de unas píldoras inéditas de una entrevista que forma parte del legado del proyecto los ‘tesoros vivos de la Academia de la TV’, que intenta preservar nuestra historia audiovisual a través de sus creadores. Como periodista, fue un acto tan enriquecedor como conmovedor. Pocas veces he visto a un auditorio emocionarse tanto con el recuerdo de momentos de un programa con el que creció. Normal ese sentimiento, porque La Bola de Cristal siempre marca, lo vieras en los ochenta o treinta años después en riguroso diferido, porque fue una revolución televisiva desde dentro. Pero una revolución sin increpar, sin trincheras, sin prejuicios, sin estigmas. Una revolución sólo con el poder de la imaginación en su máxima expresión. 

Intercambiando ideas en Newtral, tejiendo conocimiento

La Real Fábrica de Tapices está cerca de Atocha. Frente al Panteón de (Hombres) Ilustres y la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, que cobija la escultura que dicen inspiró el diseño de la Estatua de la Libertad de Nueva York. La Real Fábrica de Tapices, con sus naves de piedra, ladrillo cara-vista, vigas de madera más o menos noble y sus patios ajardinados, lleva siglos camuflándose en el barrio como una vecina más. En su interior, siguen tejiendo a mano tapices pero, además, este histórico lugar se ha abierto a startups que se atreven con la innovación. Es el caso de Newtral, la productora de formatos como El Objetivo, Dónde estabas entonces o Estrecho, que no ha querido ser sólo una productora de televisión y ya es una interesante factoría transversal de contenidos periodísticos. Porque el periodismo crece en la versátil multipantalla de las redes sociales. El pasado jueves estuve participando en un desayuno en este lugar que respira historias. Nada más entrar es como introducirse en un acogedor campus en el que dan ganas de quedarse a aprender, experimentar y arriesgar. Eso está demostrando Newtral en su primer año de existencia. Arriesga, experimenta y va aprendiendo. Importante conjugar estas tres patas para crecer. Y hacerlo sin perder la esencia clásica del periodismo donde una de las claves está en saber mirar y saber escuchar  -que es lo más complicado-. Y a mí me escucharon divagar un buen rato: de periodismo, de televisión, de redes, de paciencia, de percepciones de éxito, de estrategias de anunciantes, de futuro, de pasado, de pasado que es futuro, de apostar por el periodista-autor… Y sus preguntas desde su profundo conocimiento me dejaron pensando. Mucho. Me inspiraron. Es otra forma de tejer conocimiento, intercambiando ideas. Estando conectados con los trabajadores del oficio mediático y, sobre todo, con la sociedad. Cambian las ventanas, avanzan las narrativas pero, en tiempos en los que la tecnología arrasa con todo, la atrevida curiosidad incesante -que no intensa-  nos salvará.  Gracias por la invitación a Ana Pastor y su equipo.

Debatiendo sobre el fenómeno ‘Paquita Salas’ con Javier Calvo, Javier Ambrossi y Brays Efe en el ‘Screen TV’ de Málaga

La gran sala del Cine Albéniz de Málaga llena. Hasta los topes. Todo el público expectante. Pero ni siquiera hay proyección de ninguna película. La legión de público ha acudido para escuchar a Javier Calvo, Javier Ambrossi y Brays Efe. Bueno, y aguantarme a mí, pues me encargaron moderar este encuentro sobre el fenómeno de Paquita Salas, enmarcado dentro del Screen TV que celebra el Festival de Málaga cada año. No defraudó, fue interesante y entretenido. Jugamos y aprendimos con esta charla en el que, una vez más, me percaté de que la fórmula del éxito de Los Javis, y también la de Brays, se sustenta en una apasionada ilusión que mantienen sin fisuras. Tienen talento, obvio, tienen el valor añadido de la cultura pop, obvio, saben mirar a su alrededor con una curiosidad apasionada, obvio, pero, además, confían en sí mismos relativizando todo y, al mismo tiempo, con una seguridad que todo piensa en grande. Y esos ‘todos’ son inspiradores. Y eso les da un supercalifragilisticoespialidoso impulso para conseguir lo que se propongan.

Gracias a Cristina Consuegra y el Festival de Málaga por confiar en mi trabajo en estos coloquios con protagonistas tan interesantes y tan relevantes para la historia de nuestro escenario de cultura audiovisual.

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