Mi experiencia en ‘La hora de La 1’

Lo reconozco. Cuando empecé en La hora de La 1, me dio miedo que pudiera desvirtuar mi trabajo diario. La idea era formar parte de un espacio sobre la pantalla que nos retrata como somos en los viernes, pero, después, el programa ha ido confiando en mi mirada para aportar durante la sección de temas de actualidad cotidiana liderada por Cristina Fernández en la recta final del magacín. Y mi participación en el formato fue creciendo. Un halago, pero también temí ser engullido por la televisión del tertuliano en la que vivimos, en la que todos opinamos de todo.

Nunca he querido ser tertuliano. La todología me preocupa y yo sólo soy un currito del periodismo. Pero, al final, en el día a día, me he dado cuenta que puedo aportar mi mirada de periodista crítico. Es más, creo que es imprescindible el espíritu crítico sin trincheras desde una televisión pública, se trate el tema que se trate. Siempre lo he creído y argumentado en mis artículos. Intentémoslo, pues.

En una televisión sumergida en la pelea por las audiencias instantáneas, que muchas veces (pero, por suerte, no siempre) no permite casi que unos programas se diferencien de otros, se suelen buscar «perfiles» de colaboradores-personajes ya más anclados en el estereotipo, porque se supone que el público los reconoce de primeras y no necesita tener paciencia para descubrir. Cuando, precisamente, la tele consiste en descubrir. De ahí que, en 2021, los espectadores encuentren nuevos referentes en las plataformas y en las redes, más que en el bucle de la tele generalista. En ese «ABC» de los colaboradores de siempre, mi perfil no tenía cabida, por eso es de agradecer que en esta ocasión hayan apostado por otros prismas.

Entre las propuestas que ha traído La hora de La 1, se ha intentado huir de la tertulia de choque para así poder construir desde la diversidad social. Y, en este sentido, ha sido un honor en estos meses haber aprendido de esa diversidad que nos enriquece con una mezcolanza de profesionales como Valeria Vegas, Boris Izaguirre, Paco Tomás, Rosa Villacastín, Norma Duval, Teté Delgado, Gonzalo Miró… Cada uno con una experiencia profesional muy curtida y diferenciada. Al frente de nuestro rato, Cristina Fernández siempre incombustible. No la conocía y ha sido la gran revelación de esta experiencia. Peleona, honesta, apasionada, luminosa, Cristina está preparada para todos los retos que se proponga.

Y la diferencia con otros programas matinales ha radicado precisamente en que en La hora de La 1 de Mónica López no estamos encasillados, ni se han querido reproducir clichés. Por mi parte, he intentado contribuir humildemente a esta diferenciación. Porque creo con firmeza que la televisión pública no debe quedarse en el debate infinito de la televisión de hoy, ávida de audiencia fácil con polémica forzada, incluso con temas que no son debatibles. La televisión pública debe aportar. Aportar, es la palabra. Aportar periodismo y, cuando se dedica al entretenimiento, aportar esa sustancia del espíritu crítico que se hace preguntas, que crece en la creatividad, que contextualiza, que argumenta sin miedo a la ironía, sin timidez para jugar y, sobre todo, sin miedo a atreverse a pensar.

Esa televisión que cree en la inteligencia del espectador es la tele en la que creo. Y está presente en mis pensamientos cada vez que piso ese mítico Estudio 1 que nos enseñó a creer en la creatividad audiovisual y no quedarse en lo pronosticable. Ahí se hizo ‘Un, dos, tres’, ‘La edad de oro’, ‘Directísimo’, ‘Más estrellas que en el cielo’, ‘Hola Raffaella’, ‘Viaje con nosotros’… Una factoría de talento e ideas, que nos ha dejado un legado que siempre me inspira y me guía.

Y, al final, mis temores han ido desapareciendo para disfrutar mis participaciones en el programa, que intento que sean coherentes con la preocupación por el periodismo divulgativo de mis artículos, con mi obsesión para ser útil sin dejar de jugar con la travesura sin miedo a la ironía y a jugar en directo de la tele que nos parió. Lucho, al menos, para que no se me olvide intentarlo cada día, cada vez.

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